El riesgo de transmitir el virus de la inmunodeficiencia humana cuando se mantienen relaciones sexuales anales puede ser unas 18 veces mayor que durante las relaciones vaginales, según sugieren los resultados de un metanálisis publicado en la versión digital anticipada de International Journal of Epidemiology.
Por otro lado, además de este trabajo empírico, el equipo de investigadores del Imperial College y la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres aplicó un modelo matemático para calcular el impacto que tenía el tratamiento anti-VIH sobre la capacidad de infección durante las relaciones anales. Se determinó que el riesgo de transmisión de un hombre con una carga viral suprimida podía reducirse hasta en un 99,9%.
Las relaciones sexuales anales son el motor de la epidemia de VIH entre los hombres gays y bisexuales. Asimismo, una notable proporción de personas heterosexuales practican relaciones anales, pero tienden a emplear preservativos con menos frecuencia que en el caso del sexo vaginal. Esto puede estar teniendo su efecto en las epidemias heterosexuales en el África subsahariana y en otros lugares.
Rebecca Baggaley y un equipo de colaboradores llevaron a cabo una revisión sistemática y un metanálisis (un análisis de toda la investigación médica que cumple unos requisitos predeterminados) del riesgo de transmisión del VIH durante las relaciones anales sin protección. Los mismos autores ya han efectuado unas revisiones similares del riesgo de transmisión durante las relaciones sexuales vaginales y orales.
A pesar de la importancia del tema, se consideró que sólo 16 estudios eran suficientemente relevantes como para ser incluidos en la revisión. Si bien 12 contaron con hombres gays o bisexuales, otros reunieron datos sobre personas heterosexuales que practicaban sexo anal con frecuencia. Todos los estudios procedían de Europa o Norteamérica.
Aunque el equipo de investigadores buscó estudios publicados hasta septiembre de 2008, casi todos los informes empleaban datos que fueron recogidos en la década de 1980 o comienzos de la de 1990, lo que significa que los hallazgos no reflejan el impacto de la terapia combinada sobre la transmisión. Los autores no pudieron incluir un estudio con hombres gays australianos, publicado hace unos pocos meses [en inglés] [en español].
Cálculo del riesgo de transmisión por cada acto sexual
Cuatros estudios ofrecieron cálculos del riesgo de transmisión durante un único acto de sexo anal receptivo sin protección. Al agrupar sus datos, el cálculo conjunto es de 1,4% (intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 0,3 - 3,2).
Dos de estos ensayos fueron realizados con hombres gays y dos con heterosexuales, y los resultados no variaron en función de la orientación sexual.
El cálculo de la probabilidad de infección durante las relaciones anales receptivas es casi idéntico al publicado en el reciente estudio australiano (1,43%; IC95%: 0,48 - 2,85). Esto es así a pesar del hecho de que los datos australianos se recogieron después de la introducción generalizada de la terapia antirretroviral combinada.
La revisión no identificó ningún cálculo de riesgo por acto en el caso de la pareja insertiva. Sin embargo, el reciente estudio australiano sí lo hizo: 0,62% en el caso de los hombres no circuncidados y 0,11% en el de los hombres circuncidados.
Baggaley y su equipo de colaboradores señalan que su cálculo de riesgo para las relaciones receptivas es considerablemente superior al obtenido en sus revisiones anteriores. En estudios realizados en países desarrollados, se determinó que el riesgo de transmisión durante las relaciones vaginales era de un 0,08%, mientras que en el caso de las relaciones anales receptivas se calcula que es 18 veces mayor. Cuando se trata de sexo oral, existe un amplio abanico de cifras, pero ninguna superior al 0,04%.
Cálculo del riesgo de transmisión del VIH por pareja
Doce estudios proporcionaron datos acerca del riesgo de transmisión durante todo el tiempo en el que una persona con VIH mantiene una relación con otra seronegativa. Los autores indican que la mayoría de estos ensayos no recopilaron suficiente información sobre factores como la duración de la relación, la frecuencia del sexo sin protección y el uso del preservativo para que los datos fueran completamente significativos.
En diez de estos estudios sólo participaron hombres gays.
En el caso de parejas que practican relaciones sin protección tanto receptivas como insertivas, el cálculo agrupado del riesgo de transmisión es 39,9% (IC95%: 22,5 - 57,4).
En cuanto a las parejas que sólo tuvieron relaciones receptivas sin protección, el cálculo conjunto fue casi el mismo, un 40,4% (IC95%: 6,0 - 74,9).
Sin embargo, fue menor en el caso de personas que únicamente mantuvieron relaciones insertivas sin protección: 21,7% (IC95%: 0,2 - 43,3). El equipo de investigadores comenta que los datos respaldan la hipótesis de que las relaciones insertivas tienen un riesgo de infección notablemente inferior que las receptivas.
Los estudios individuales en los que se basan estos cálculos a menudo arrojaron resultados muy distintos, en parte debido a los diferentes diseños y métodos analíticos empleados. Como resultado, los intervalos de confianza de los cálculos acumulados son amplios y los autores recomiendan que estos datos se interpreten con cautela (un intervalo de confianza del 95% ofrece un abanico de valores: Se considera que es probable que el resultado “auténtico” esté dentro del intervalo, pero puede ser cualquier valor, incluidos el más alto y el más bajo de dicho intervalo).
Además, el equipo de investigadores afirma que los cálculos de riesgo por cada acto no parecen coincidir con los cálculos por pareja. Sus resultados implicarían que se produjeron relativamente pocos casos de sexo sin protección durante las relaciones estudiadas.
Los autores creen que parte de esta discrepancia podría reflejar variaciones en la capacidad de infección y susceptibilidad a la misma entre personas y también en la capacidad de transmisión del virus a lo largo del curso de una infección.
Impacto del tratamiento anti-VIH sobre el riesgo de transmisión
Como se apuntó anteriormente, casi todos los estudios provienen de la era previa a terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA). En consecuencia, el equipo de investigadores aplicó un modelo matemático para calcular las reducciones del riesgo de transmisión en personas con una carga viral suprimida.
Para ello, se emplearon dos tipos de cálculos distintos para establecer la relación entre carga viral y capacidad de transmisión del virus, a partir de estudios con heterosexuales en Uganda y Zambia.
El primer cálculo ha sido utilizado ampliamente por otros investigadores. En él, cada aumento de 1log10 en la carga viral se consideraba que incrementaba 2,45 veces el riesgo de transmisión. Aunque se cree que esta relación se cumple de forma precisa cuando las cargas virales están entre 400 y 10.000 copias/mL, Baggaley y su equipo de colaboradores consideran que sobrevalora el riesgo de transmisión tanto para cargas más altas como más bajas.
El segundo cálculo, más complejo, refleja que la transmisión es extremadamente rara cuando las cargas virales son bajas y también que las tasas de transmisión son bastante constantes para viremias más elevadas.
Empleando el primer método, el riesgo de transmisión del VIH en el caso de relaciones sexuales anales receptivas sin protección es del 0,06% (un 96% menor que sin tratamiento). No obstante, utilizando el segundo método, el riesgo de transmisión predicho sería del 0,0011%, un 99,9% más pequeño que sin tratamiento.
Al extrapolar estos datos, los autores calcularon el riesgo de transmisión del VIH en una relación que implicara 1.000 casos de relaciones anales receptivas sin protección. Usando el primer método, el riesgo sería del 45,6% y con el segundo, del 1,1%.
Los autores señalan que se obtuvieron predicciones muy distintas cuando se emplearon dos conjuntos diferentes de supuestos respecto a la carga viral. En el debate sobre el uso del tratamiento del VIH como prevención, comentaron: “Los modelos no pueden sustituir a las pruebas empíricas”.
Además, en un comentario sobre el artículo, Andrew Grulich e Iryna Zablotska, de la universidad de Nueva Gales del Sur (Australia), indican la ausencia de datos sobre carga viral y transmisión durante la práctica de sexo anal [todos los estudios se refieren a poblaciones heterosexuales]. Afirman que el hecho de que los cálculos del riesgo de transmisión por acto son muy superiores durante el sexo anal que durante el vaginal “constituye un sólido argumento para no limitarse simplemente a extrapolar los datos de poblaciones heterosexuales”.
Baggaley y su equipo de colaboradores indican que sus hallazgos sugieren que el elevado riesgo de infección durante las relaciones anales implica que, aunque el tratamiento consiga una reducción sustancial de la capacidad de infección, “la capacidad residual aún seguiría suponiendo un gran riesgo para las parejas”. Teniendo en cuenta esto, declaran que los mensajes de prevención tienen que poner de relieve el elevado riesgo relacionado con la práctica de sexo anal y la importancia de utilizar preservativos.
Fuente: www.aidsmap.com
Desde su creación en 2005, los Activistas Internacionales por un Microbicida Rectal (IRMA) han tenido un crecimiento y un éxito significativo. A partir de un número de miembros que podía contarse con los dedos de una mano, IRMA ha construido una red de más de 500 activistas, investigadores y personas que redactan las políticas en más de 40 paises de los 5 continentes.
El objetivo de IRMA-ALC es trabajar en conjunto con IRMA, pero con el propósito específico de difundir información sobre los Microbicidas Rectales en nuestra parte del mundo, y, siempre que sea posible, en castellano y en otros idiomas regionales.
El objetivo de IRMA-ALC es trabajar en conjunto con IRMA, pero con el propósito específico de difundir información sobre los Microbicidas Rectales en nuestra parte del mundo, y, siempre que sea posible, en castellano y en otros idiomas regionales.
viernes, 9 de julio de 2010
Las restricciones británicas al acceso de emigrantes a la atención sanitaria retrasan la realización de pruebas y tratamiento del VIH
Las políticas del Gobierno británico que restringen el derecho de las personas extranjeras a la atención sanitaria afectan de forma negativa tanto a la salud pública como a la de estas personas, según informa un equipo de investigadores en la revista AIDS Care. La población con VIH afirma que pospone el momento de realizar las pruebas diagnósticas del virus, que sólo accede a la atención sanitaria cuando ya está tan enferma que tiene que ser admitida a través de urgencias y, además, que emplea terapias alternativas y pide medicación del extranjero. En los últimos años, se ha restringido la provisión de atención médica a las personas sujetas al control inmigratorio. Aunque aquellas que actualmente solicitan asilo y las que recibieron autorización para quedarse tienen derecho a asistencia gratuita en los hospitales de la red nacional de salud (NHS, en sus siglas en inglés), las que ven rechazada su petición de asilo y los inmigrantes indocumentados en ocasiones se encuentran con costosas facturas por el tratamiento médico.
Felicity Thomas y un equipo de colaboradores efectuó una investigación cualitativa en profundidad con inmigrantes seropositivos de Zimbabue, Zambia y Sudáfrica que viven en Londres (Reino Unido). Un total de 70 personas tomaron parte en once discusiones focales de grupo.
Aunque no hay ninguna ley que restrinja el acceso a la atención primaria en función de su estatus de inmigración, los encuestados declararon tener problemas a la hora de registrarse con un médico generalista. Un problema particular era que, en general, se les pedía que proporcionaran documentos que no podían aportar (por ejemplo, un pasaporte que había sido retenido por el Ministerio de Interior).
Según la legislación, la atención ofrecida en urgencias es completamente gratuita. Muchos encuestados ignoraban este punto y afirmaron haber retrasado el momento de acudir a buscar atención médica hasta que su dolencia era tan grave que tuvieron que llamar a una ambulancia. Un hombre comentó:
“Prefieres esperar a que se produzca una situación en la que entras en el hospital en ambulancia, ya que si acudes tú, quieren saber quién es tu médico generalista. Si no tienes ninguno, levantas muchas sospechas”.
El tratamiento en urgencias es extremadamente caro. Además, en la mayoría de los casos, el paciente requiere de forma inmediata un tratamiento antirretroviral y una estancia prolongada en el hospital.
Algunos pacientes habían recibido facturas por valor de varios miles de dólares en concepto de ingreso hospitalario, cirugía y terapia. El equipo de investigadores descubrió que estas experiencias a menudo afectaban a los sentimientos de las pacientes hacia el personal sanitario.
Las personas con derecho a recibir atención sanitaria gratuita aún podrían ser sometidas a visitas intrusivas por parte de las autoridades de inmigración o del hospital. Por ejemplo, una mujer recientemente diagnosticada de VIH recibió una factura por el tratamiento en el hospital:
“Me preocupaba cómo iba a pagar estas 4.000 libras. Lo que te mata antes es el estrés y la preocupación (...). Me descubrí pensando que si no tenía una autorización indefinida para permanecer en este país, ¿qué iba a hacer? (...) Simplemente, intentas marcharte, te quitas el gotero y escapas de allí antes de que llegue Inmigración”.
Los participantes declararon que recurrieron a la automedicación. Pidieron fármacos en sus países natales, pero reconocieron que a menudo los emplearon en dosis subóptimas o de manera inadecuada. Además, varias personas habían utilizado medicinas herbales y otras terapias alternativas, retrasando en algunos casos la realización de la prueba del VIH hasta que dicho tratamiento hubiera fracasado con claridad. Una mujer comentó:
“Existen algunas personas en este país que no disponen de papeles, que no pueden acceder a la atención primaria u hospitalaria, y que tienen que confiar en las medicinas tradicionales”.
Pese a que la prueba del VIH es gratuita para todo el mundo (en el entorno sanitario público), el tratamiento antirretroviral no lo es. Los encuestados indicaron que esto ha desincentivado que otras personas de la comunidad se sometieran a la prueba:
“Si no puedo acceder a los servicios, no tengo ningún motivo para realizar la prueba. Si la hago y descubro que tengo VIH, sé que será muy difícil acceder [al tratamiento]”.
En su conclusión, los autores señalan que las actuales políticas pueden servir para apaciguar a una parte del electorado británico, pero actúan como una barrera frente a la aceptación de la prueba y el tratamiento del VIH. Asimismo, las políticas pueden hacer que las personas recurran a otras formas de tratamiento que pueden ser costosas, dañinas o ineficaces. Además de tener repercusión sobre la salud de la población, es probable que las políticas tengan un impacto sobre la transmisión del virus.
Fuente: www.aidsmap.com
lunes, 5 de julio de 2010
El estrés aumenta el riesgo de infección por VIH en hombres gays
Los sucesos vitales estresantes parecen incrementar el riesgo de infección por VIH entre los hombres gays, según informa un equipo de investigadores canadienses en la edición digital de la revista AIDS.
Los varones que dieron positivo en la prueba del VIH fueron más propensos que los que dieron negativo a declarar haber experimentado recientemente cinco o más sucesos estresantes.
“Hemos observado que los hombres gays y bisexuales (...) que afirmaron haber experimentado acontecimientos vitales estresantes mostraron un mayor riesgo de infección por VIH, y se comprobó que este efecto se vio, en parte, alterado por el comportamiento sexual de riesgo”, comentan los autores.
Se ha relacionado el estrés con un mayor riesgo de padecer infecciones de transmisión sexual entre las personas heterosexuales. Sin embargo, no había muchos datos relativos al impacto de este estado de tensión física y psicológica sobre el riesgo de infección por VIH en el caso de los hombres homosexuales.
En consecuencia, un equipo de investigadores del grupo de Estudio Polaris sobre Seroconversión al VIH de Ontario (Canadá) llevó a cabo un análisis retrospectivo con control de casos para determinar el impacto del estrés sobre el riesgo de infección por VIH.
Los hombres gays y bisexuales que dieron positivo en la prueba del VIH (123) fueron emparejados con hombres gays y bisexuales que dieron negativo (240). Los 363 participantes completaron un cuestionario en el que se les preguntaba por sus experiencias recientes respecto a 35 sucesos vitales estresantes, en el ámbito de la salud, las relaciones, el dolor por alguien fallecido, la economía y el empleo, y la delincuencia.
También se reunió información sobre los comportamientos sexuales de riesgo.
Los varones diagnosticados de VIH comunicaron un número mediano superior de acontecimientos vitales estresantes que los que no tenían el virus [3 frente a 2; p= 0,002].
El estrés relacionado con la salud (p= 0,005), las relaciones (p= 0,02), debido al duelo por alguna persona (p= 0,01), por la economía o el empleo (p= 0,005) y por la delincuencia (p= 0,02) fueron mencionados en todos los casos con una frecuencia significativamente mayor por los hombres que dieron positivo en la prueba del VIH.
El experimentar un mayor número de sucesos estresantes estuvo relacionado con una más alta probabilidad de declarar haber practicado relaciones anales receptivas sin protección con una pareja seropositiva, o con un estado serológico al VIH desconocido. Esta asociación no llegó a tener significación estadística (p= 0,06).
Además, una proporción más elevada de hombres con VIH comunicaron cinco o más sucesos estresantes recientes (33% frente al 20%).
El primer conjunto de análisis estadísticos de los autores evidenció que experimentar cinco o más acontecimientos estresantes aumentaba de forma significativa el riesgo de infección por VIH (cociente de probabilidades [CP]: 2,5; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,3 - 4,7).
No obstante, la relación entre estrés e infección por VIH se debilitó y dejó de ser significativa cuando se tuvieron en cuenta los comportamientos sexuales de riesgo. La relación se vio aún más atenuada al considerar las declaraciones de sexo receptivo sin protección con una pareja con VIH, o de estado serológico desconocido.
Los investigadores propusieron tres posibles motivos por los que el estrés podría aumentar el riesgo de infección por VIH.
En primer lugar, sugieren que dicho estado puede dañar la salud mental. Las entrevistas realizadas a 30 hombres recientemente infectados por VIH revelaron que se encontraban en una mala situación emocional.
En segundo lugar, propusieron la hipótesis de que el estrés pudiera conducir a la participación en redes sexuales donde existe una prevalencia del VIH más alta. Por ejemplo, los hombres que declararon sentirse estresados fueron más propensos a afirmar que se habían encontrado con parejas sexuales en clubs de baile o sexuales.
Finalmente, postularon que el estrés podría dañar al sistema inmunitario. En otros estudios se ha puesto de manifiesto que las personas que están estresadas tienen más probabilidades de infectarse por virus como el del resfriado común.
“Si los sucesos vitales estresantes aumentan el riesgo de infección por VIH, esto tiene implicaciones en el ámbito de la prevención”, comenta el equipo de investigadores.
Las campañas preventivas podrían promover estrategias eficaces para enfrentarse al estrés, sugieren los autores.
Además, el equipo de investigadores “aconseja a los médicos que informan a los pacientes de un resultado positivo en la prueba del VIH que sean conscientes de que esas personas pueden encontrarse simultáneamente sufriendo estrés por otros sucesos vitales, y que les ofrezcan counselling de apoyo en caso necesario”.
Los varones que dieron positivo en la prueba del VIH fueron más propensos que los que dieron negativo a declarar haber experimentado recientemente cinco o más sucesos estresantes.
“Hemos observado que los hombres gays y bisexuales (...) que afirmaron haber experimentado acontecimientos vitales estresantes mostraron un mayor riesgo de infección por VIH, y se comprobó que este efecto se vio, en parte, alterado por el comportamiento sexual de riesgo”, comentan los autores.
Se ha relacionado el estrés con un mayor riesgo de padecer infecciones de transmisión sexual entre las personas heterosexuales. Sin embargo, no había muchos datos relativos al impacto de este estado de tensión física y psicológica sobre el riesgo de infección por VIH en el caso de los hombres homosexuales.
En consecuencia, un equipo de investigadores del grupo de Estudio Polaris sobre Seroconversión al VIH de Ontario (Canadá) llevó a cabo un análisis retrospectivo con control de casos para determinar el impacto del estrés sobre el riesgo de infección por VIH.
Los hombres gays y bisexuales que dieron positivo en la prueba del VIH (123) fueron emparejados con hombres gays y bisexuales que dieron negativo (240). Los 363 participantes completaron un cuestionario en el que se les preguntaba por sus experiencias recientes respecto a 35 sucesos vitales estresantes, en el ámbito de la salud, las relaciones, el dolor por alguien fallecido, la economía y el empleo, y la delincuencia.
También se reunió información sobre los comportamientos sexuales de riesgo.
Los varones diagnosticados de VIH comunicaron un número mediano superior de acontecimientos vitales estresantes que los que no tenían el virus [3 frente a 2; p= 0,002].
El estrés relacionado con la salud (p= 0,005), las relaciones (p= 0,02), debido al duelo por alguna persona (p= 0,01), por la economía o el empleo (p= 0,005) y por la delincuencia (p= 0,02) fueron mencionados en todos los casos con una frecuencia significativamente mayor por los hombres que dieron positivo en la prueba del VIH.
El experimentar un mayor número de sucesos estresantes estuvo relacionado con una más alta probabilidad de declarar haber practicado relaciones anales receptivas sin protección con una pareja seropositiva, o con un estado serológico al VIH desconocido. Esta asociación no llegó a tener significación estadística (p= 0,06).
Además, una proporción más elevada de hombres con VIH comunicaron cinco o más sucesos estresantes recientes (33% frente al 20%).
El primer conjunto de análisis estadísticos de los autores evidenció que experimentar cinco o más acontecimientos estresantes aumentaba de forma significativa el riesgo de infección por VIH (cociente de probabilidades [CP]: 2,5; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,3 - 4,7).
No obstante, la relación entre estrés e infección por VIH se debilitó y dejó de ser significativa cuando se tuvieron en cuenta los comportamientos sexuales de riesgo. La relación se vio aún más atenuada al considerar las declaraciones de sexo receptivo sin protección con una pareja con VIH, o de estado serológico desconocido.
Los investigadores propusieron tres posibles motivos por los que el estrés podría aumentar el riesgo de infección por VIH.
En primer lugar, sugieren que dicho estado puede dañar la salud mental. Las entrevistas realizadas a 30 hombres recientemente infectados por VIH revelaron que se encontraban en una mala situación emocional.
En segundo lugar, propusieron la hipótesis de que el estrés pudiera conducir a la participación en redes sexuales donde existe una prevalencia del VIH más alta. Por ejemplo, los hombres que declararon sentirse estresados fueron más propensos a afirmar que se habían encontrado con parejas sexuales en clubs de baile o sexuales.
Finalmente, postularon que el estrés podría dañar al sistema inmunitario. En otros estudios se ha puesto de manifiesto que las personas que están estresadas tienen más probabilidades de infectarse por virus como el del resfriado común.
“Si los sucesos vitales estresantes aumentan el riesgo de infección por VIH, esto tiene implicaciones en el ámbito de la prevención”, comenta el equipo de investigadores.
Las campañas preventivas podrían promover estrategias eficaces para enfrentarse al estrés, sugieren los autores.
Además, el equipo de investigadores “aconseja a los médicos que informan a los pacientes de un resultado positivo en la prueba del VIH que sean conscientes de que esas personas pueden encontrarse simultáneamente sufriendo estrés por otros sucesos vitales, y que les ofrezcan counselling de apoyo en caso necesario”.
La cuarta parte de hombres gays suizos practican serosorting, posicionamiento estratégico o “la retirada” para reducir su riesgo de VIH
Casi dos tercios de los hombres gays y bisexuales utilizan preservativos de forma constante con sus parejas casuales como modo de prevención del VIH, según informa un equipo de investigadores suizos en la edición digital deJournal of Acquired Immune Deficiency Syndromes.
Sin embargo, su investigación evidenció que el 25% de los varones recurrieron a estrategias como el serosorting, el posicionamiento estratégico y retirarse antes de eyacular (‘marcha atrás’) para intentar disminuir el riesgo de transmisión del VIH cuando mantenían una relación anal sin protección con una pareja casual.
“Es preciso reconocer cuáles son las prácticas de reducción del riesgo usadas con mayor frecuencia entre los hombres que practican sexo con hombres (HSH) y abordarlas de forma equilibrada en las actividades preventivas”, escribe el equipo de investigadores.
Los hombres gays siguen siendo uno de los grupos más afectados por el VIH; la investigación realizada en diversos países industrializados ha puesto de relieve que el número de hombres homosexuales y HSH que declararon tener relaciones anales sin protección con una pareja ocasional ha aumentado en los últimos años.
El mismo estudio sugiere que aunque una proporción significativa de varones no empleaba preservativos de forma constante, de todos modos usaba otros métodos para intentar reducir el riesgo de transmisión del VIH.
Entre ellos, se incluyó el serosorting (la selección consciente de parejas que se cree que tienen el mismo estado serológico al VIH), el posicionamiento estratégico [la adopción del papel insertivo o receptivo durante las relaciones anales según el estado serológico al VIH] y la retirada antes de la eyaculación.
Estas estrategias no tienen el mismo efecto protector que el empleo constante de los preservativos; así pues, los investigadores suizos decidieron establecer su prevalencia y los factores relacionados con ella.
En consecuencia, se analizaron los resultados de un sondeo nacional sobre conducta sexual llevado a cabo en 2007.
El sondeo fue completado por 2.953 hombres y 1.689 (57%) señalaron la práctica de sexo anal con una pareja casual en los doce meses anteriores. Estos varones fueron incluidos en el análisis de los investigadores.
Aproximadamente tres cuartas partes de estos hombres eran conscientes de su estado serológico al VIH y 145 declararon que tenían el virus.
En conjunto, el 67% de los varones afirmaron emplear preservativos de forma constante con sus parejas casuales.
No obstante, el uso de condones fue menor entre los hombres con VIH que entre los que no tenían el virus (47% frente a 69%; p <0,001).
Los hombres seropositivos fueron significativamente más propensos a utilizar alguna vez una estrategia de disminución del riesgo que sus iguales sin VIH (35% frente a 25%; p <0,001).
En total, el 9% de los hombres indicaron usar el preservativo de forma inconstante fuera del contexto de la reducción del riesgo, siendo los infectados por VIH los que más tendieron a comunicar este comportamiento.
La retirada (conocida coloquialmente como “marcha atrás”) fue el método de disminución del riesgo más empleado (62%), seguido por la práctica de serosorting (50%) y el posicionamiento estratégico (33%).
El equipo de investigadores expresa su “gran preocupación” por el elevado número de hombres que recurren en ocasiones a la “marcha atrás”. Estudios previos revelaron que esto estuvo relacionado con un alto riesgo de infección por VIH.
Entre los factores asociados con el uso de estrategias de reducción del riesgo, se incluyó el estar en una relación estable, la utilización de internet para encontrar parejas sexuales, la edad y, en el caso de varones con VIH, un número más alto de parejas sexuales (p= 0,05 en todos los casos).
El no usar el preservativo, o su empleo irregular, estuvo relacionado con la búsqueda de sexo por internet, la edad y, en hombres con VIH, con el mayor número de parejas [p= 0,05 en todos los casos].
“Las prácticas de reducción del riesgo empleadas con la intención de evitar la transmisión del VIH fueron muy prevalentes entre los hombres que practican sexo con hombres”, explican los autores.
Y añaden: “Estas prácticas nunca fueron promovidas como tales en Suiza ni por las autoridades de salud pública ni por las organizaciones gays. Por el contrario, el sitio web sobre prevención de la Fundación Suiza del Sida advierte sobre su cuestionable eficacia”.
Se precisa más investigación para entender las circunstancias en las que los hombres gays utilizan la reducción de riesgos, afirman los investigadores. Éstos también creen que son necesarias campañas de prevención que aborden estas estrategias de un modo “equilibrado”.
Sin embargo, su investigación evidenció que el 25% de los varones recurrieron a estrategias como el serosorting, el posicionamiento estratégico y retirarse antes de eyacular (‘marcha atrás’) para intentar disminuir el riesgo de transmisión del VIH cuando mantenían una relación anal sin protección con una pareja casual.
“Es preciso reconocer cuáles son las prácticas de reducción del riesgo usadas con mayor frecuencia entre los hombres que practican sexo con hombres (HSH) y abordarlas de forma equilibrada en las actividades preventivas”, escribe el equipo de investigadores.
Los hombres gays siguen siendo uno de los grupos más afectados por el VIH; la investigación realizada en diversos países industrializados ha puesto de relieve que el número de hombres homosexuales y HSH que declararon tener relaciones anales sin protección con una pareja ocasional ha aumentado en los últimos años.
El mismo estudio sugiere que aunque una proporción significativa de varones no empleaba preservativos de forma constante, de todos modos usaba otros métodos para intentar reducir el riesgo de transmisión del VIH.
Entre ellos, se incluyó el serosorting (la selección consciente de parejas que se cree que tienen el mismo estado serológico al VIH), el posicionamiento estratégico [la adopción del papel insertivo o receptivo durante las relaciones anales según el estado serológico al VIH] y la retirada antes de la eyaculación.
Estas estrategias no tienen el mismo efecto protector que el empleo constante de los preservativos; así pues, los investigadores suizos decidieron establecer su prevalencia y los factores relacionados con ella.
En consecuencia, se analizaron los resultados de un sondeo nacional sobre conducta sexual llevado a cabo en 2007.
El sondeo fue completado por 2.953 hombres y 1.689 (57%) señalaron la práctica de sexo anal con una pareja casual en los doce meses anteriores. Estos varones fueron incluidos en el análisis de los investigadores.
Aproximadamente tres cuartas partes de estos hombres eran conscientes de su estado serológico al VIH y 145 declararon que tenían el virus.
En conjunto, el 67% de los varones afirmaron emplear preservativos de forma constante con sus parejas casuales.
No obstante, el uso de condones fue menor entre los hombres con VIH que entre los que no tenían el virus (47% frente a 69%; p <0,001).
Los hombres seropositivos fueron significativamente más propensos a utilizar alguna vez una estrategia de disminución del riesgo que sus iguales sin VIH (35% frente a 25%; p <0,001).
En total, el 9% de los hombres indicaron usar el preservativo de forma inconstante fuera del contexto de la reducción del riesgo, siendo los infectados por VIH los que más tendieron a comunicar este comportamiento.
La retirada (conocida coloquialmente como “marcha atrás”) fue el método de disminución del riesgo más empleado (62%), seguido por la práctica de serosorting (50%) y el posicionamiento estratégico (33%).
El equipo de investigadores expresa su “gran preocupación” por el elevado número de hombres que recurren en ocasiones a la “marcha atrás”. Estudios previos revelaron que esto estuvo relacionado con un alto riesgo de infección por VIH.
Entre los factores asociados con el uso de estrategias de reducción del riesgo, se incluyó el estar en una relación estable, la utilización de internet para encontrar parejas sexuales, la edad y, en el caso de varones con VIH, un número más alto de parejas sexuales (p= 0,05 en todos los casos).
El no usar el preservativo, o su empleo irregular, estuvo relacionado con la búsqueda de sexo por internet, la edad y, en hombres con VIH, con el mayor número de parejas [p= 0,05 en todos los casos].
“Las prácticas de reducción del riesgo empleadas con la intención de evitar la transmisión del VIH fueron muy prevalentes entre los hombres que practican sexo con hombres”, explican los autores.
Y añaden: “Estas prácticas nunca fueron promovidas como tales en Suiza ni por las autoridades de salud pública ni por las organizaciones gays. Por el contrario, el sitio web sobre prevención de la Fundación Suiza del Sida advierte sobre su cuestionable eficacia”.
Se precisa más investigación para entender las circunstancias en las que los hombres gays utilizan la reducción de riesgos, afirman los investigadores. Éstos también creen que son necesarias campañas de prevención que aborden estas estrategias de un modo “equilibrado”.
Matrimonio gay en Argentina: senadora denunció presiones de la Iglesia Católica
La legisladora Norma Morandini admitió que recibió duros cuestionamientos eclesiásticos por apoyar el matrimonio gay. Y que hasta hubo un párroco que le mandó “al infierno”
A diez días de que el senado argentino debata la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo (la Cámara de Diputados ya se pronunció a favor) una senadora de la provincia de Córdoba denunció el sábado fuertes presiones de la Iglesia Católica por su posición favorable.
Se trata de Norma Morandini, del Frente Cívico y Social, quién afirmó en declaraciones radiales que religiosos de su provincia le han presionado a través de cartas y que un sacerdote llegó a decirle que se fuera "al infierno".
"Ojalá ellos dejaran que yo pueda hacer públicas las cartas", indicó la senadora a Radio 10.
"Yo le contesté a un pastor, que representa a varias iglesias, que me daba tristeza porque yo veía una velada extorsión en su carta y que yo había abrazado a los derechos humanos porque era lo más parecido a la idea del cristianismo de que somos todos iguales", agregó Morandini.
En vistas de la posible sanción de la ley de matrimonio igualitario, la Iglesia Católica argentina viene redoblando sus esfuerzos para impedir que se apruebe la norma. Recientemente, fue cuestionada por una intensa campaña desarrollada a través de los colegios religiosos en la que se pedía a los padres de los alumnos que se involucraran en la defensa de “la familia tradicional”.
Fuente: Universo Gay
A diez días de que el senado argentino debata la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo (la Cámara de Diputados ya se pronunció a favor) una senadora de la provincia de Córdoba denunció el sábado fuertes presiones de la Iglesia Católica por su posición favorable.
Se trata de Norma Morandini, del Frente Cívico y Social, quién afirmó en declaraciones radiales que religiosos de su provincia le han presionado a través de cartas y que un sacerdote llegó a decirle que se fuera "al infierno".
"Ojalá ellos dejaran que yo pueda hacer públicas las cartas", indicó la senadora a Radio 10.
"Yo le contesté a un pastor, que representa a varias iglesias, que me daba tristeza porque yo veía una velada extorsión en su carta y que yo había abrazado a los derechos humanos porque era lo más parecido a la idea del cristianismo de que somos todos iguales", agregó Morandini.
En vistas de la posible sanción de la ley de matrimonio igualitario, la Iglesia Católica argentina viene redoblando sus esfuerzos para impedir que se apruebe la norma. Recientemente, fue cuestionada por una intensa campaña desarrollada a través de los colegios religiosos en la que se pedía a los padres de los alumnos que se involucraran en la defensa de “la familia tradicional”.
Fuente: Universo Gay
La OMS afirma que todos los niños de menos de dos años con VIH deberían ser tratados inmediatamente
Todos los bebés y niños con VIH de menos de dos años de edad deberían recibir terapia antirretroviral (TARV) con independencia de su recuento de CD4 o etapa de la infección, y este tratamiento tendría que iniciarse antes de lo que se aconsejaba hasta ahora para todos los otros niños con este virus, según recomienda la Organización Mundial de la Salud [OMS] en sus nuevas directrices publicadas el pasado 10 de junio. El nuevo documento pone de relieve la importancia de un diagnóstico temprano de la infección por VIH, con una comunicación rápida de los resultados positivos de madre e hijo.
Tras la prueba diagnóstica virológica (que preferiblemente se realizará durante las primeras cuatro o seis semanas de vida en los bebés que conste que han sido expuestos al VIH), la terapia antirretroviral debería empezarse sin retraso, antes de efectuar una prueba virológica de confirmación.
Allí donde no se disponga de pruebas virológicas y los bebés presenten síntomas que sugieran la presencia de la infección por VIH, debería emplearse una combinación de pruebas de anticuerpos y del algoritmo clínico de la OMS para diagnosticar la presencia de VIH en los bebés, a fin de determinar aquéllos que muestren una elevada probabilidad de tener el virus.
Se recomienda la realización de pruebas virológicas, ya que la prueba de anticuerpos puede no dar un resultado preciso en niños antes de los 18 meses de edad, debido a la persistencia en su sangre de los anticuerpos maternos. Éstos desaparecen a medida que el sistema inmunitario del propio niño madura a la edad de 18 meses. Si los anticuerpos del VIH siguen presentes tras este tiempo, puede diagnosticarse con fiabilidad la infección por el virus.
Las pruebas virológicas (que comprueban la presencia del propio VIH) permiten realizar el diagnóstico poco después del nacimiento. Actualmente, muchos países emplean análisis de muestras de sangre seca, de extracciones realizadas en el momento del nacimiento o en la primera visita clínica después del parto, como modo de obtener un diagnóstico infantil precoz en un laboratorio bien equipado.
En niños de dos a cinco años, todos aquéllos con recuentos de CD4 inferiores a 750 células/mm3, o con un porcentaje del 25% o menor, deberían recibir tratamiento antirretroviral de forma inmediata, con independencia de si presentan síntomas o no.
En el caso de los niños de más de cinco años de edad, se aplican las mismas directrices que en el caso de los adultos: inicio inmediato del tratamiento cuando haya un recuento de CD4 por debajo de 350 células/mm3.
Independientemente del recuento de CD4, a cualquier niño que se encuentre en una etapa 3 ó 4 de la infección (de acuerdo con los criterios de la OMS) se le debería administrar tratamiento antirretroviral, según recomiendan las directrices de esta organización.
La OMS afirma que un tercio de los bebés con VIH morirán en su primer año de vida si no reciben tratamiento, y la mitad fallecerán antes de llegar a los dos años. Sólo el 38% de los niños elegibles para recibir terapia de acuerdo con las antiguas recomendaciones de la OMS la estaban tomando a finales de 2008 (según los cálculos de la propia organización), y es probable que la cobertura del tratamiento sea considerablemente menor una vez se tengan en cuenta las nuevas directrices.
Éstas también aconsejan que el uso de nevirapina (Viramune®) se limite a los bebés y niños de menos de dos años de edad que no se vieron expuestos al fármaco durante el embarazo o la lactancia. Cualquier bebé o niño expuesto con anterioridad a nevirapina debería recibir en su lugar lopinavir/ritonavir (Kaletra®), por el riesgo de que se produzca una respuesta subóptima a una terapia anti-VIH basada en nevirapina, si persisten virus con resistencia a este fármaco.
En el caso de los niños de tres años o más de edad diagnosticados de tuberculosis, debería emplearse efavirenz. En cuanto a los niños de menos de tres años -para los cuales no está aprobado el uso de efavirenz-, el tratamiento cuando existe coinfección por VIH/tuberculosis debería efectuarse con nevirapina o un régimen triple de inhibidores de la proteasa análogos de nucleósido (ITIN).
Los ITIN recomendados como base del tratamiento son AZT/3TC, abacavir/3TC ó d4T. No se aconseja el uso de AZT en los casos de anemia o neutropenia, ya que puede empeorar estas afecciones.
En adolescentes con hepatitis C, podría darse preferencia al empleo de efavirenz frente a nevirapina debido al riesgo de toxicidad hepática. En cuanto a los adolescentes con hepatitis B, debería utilizarse tenofovir y FTC como base de ITIN, puesto que son activos también frente al virus que provoca esta hepatitis.
Las nuevas directrices recomiendan que se haga un seguimiento semestral del recuento de CD4 desde el diagnóstico de VIH, y antes de iniciar la terapia antirretroviral. Una vez se está en tratamiento, la monitorización de los CD4 debería efectuarse cada seis meses. Si resulta difícil realizar el análisis de CD4, tendría que darse prioridad a los casos en los que debe valorarse la importancia de determinados acontecimientos clínicos, tanto en niños tratados como sin tratar.
En el Resumen ejecutivo de recomendaciones (ya disponible en internet en inglés) se incluyen más detalles sobre cambios de tratamiento y monitorización de los pacientes.
Las directrices también aconsejan la valoración de forma rutinaria del estado nutricional, tanto cuando se recibe tratamiento anti-VIH como cuando no, así como la administración de suplementos alimenticios a los niños sintomáticos que hayan perdido peso, muestren signos de poco crecimiento o sufran tuberculosis u otra infección oportunista. Asimismo, se recomienda la administración de un suplemento de micronutrientes en los casos en que la dieta es inadecuada o el niño parece tener algún déficit nutricional.
Los niños con VIH que están expuestos a la tuberculosis, pero no presentan signos de enfermedad activa en el hogar, deberían recibir una terapia preventiva con isoniazida, al igual que aquéllos de más de 12 meses que no se hayan visto expuestos a dicha infección bacteriana.
Todos los niños con VIH diagnosticados de tuberculosis tendrían que iniciar el tratamiento antirretroviral de forma inmediata. En el Resumen ejecutivo se pueden encontrar más detalles acerca de regímenes y dosificaciones recomendadas.
La profilaxis pre-exposición podría reducir el uso de preservativos en algunos hombres gays
Una proporción notable de hombres homosexuales afirmaron que reducirían sus niveles de empleo de condones si la profilaxis pre-exposición (PPrE) demuestra su eficacia, según informó un equipo de investigadores de EE UU en la edición digital de Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes.
Los autores descubrieron que la disponibilidad de una PPrE con una eficacia del 80% podría disminuir las inhibiciones en torno a la práctica de sexo sin protección. Sus resultados también evidenciaron que podría conducir a que los hombres consideraran la práctica de sexo sin protección como una actividad con un nivel de riesgo aceptable.
“El entender mejor la aparición de problemas inherentes a la provisión de PPrE permitirá el desarrollo de intervenciones a nivel personal para apoyar a los usuarios y a nivel comunitario para aumentar la conciencia y aceptabilidad de esta profilaxis”, comenta el equipo de investigadores.
La profilaxis pre-exposición supone el tratamiento de personas sin VIH con fármacos antirretrovirales con el objetivo de prevenir la infección por el virus. Las pruebas en laboratorio y con animales han arrojado resultados prometedores. Actualmente, están en marcha varios ensayos clínicos para probar la PPrE y se espera obtener resultados en breve.
Existe bastante optimismo respecto al impacto que podría tener la PPrE sobre la transmisión del VIH. Sin embargo, algunos expertos han advertido de que la disponibilidad de un método biomédico de prevención pudiera llevar a que algunos pacientes abandonaran comportamientos, como el uso de preservativos o la reducción del número de parejas, para evitar el VIH. Se ha sugerido que el aumento de los comportamientos sexuales de riesgo podría menoscabar los posibles beneficios de este tipo de profilaxis.
Hay dos mecanismos psicológicos que podrían conducir a que la PPrE aumentase la adopción de riesgos sexuales. El primero es la “desinhibición conductual”. Esto significa que las personas que desean practicar sexo sin protección podrían contemplar la PPrE como un sustituto del control conductual, o del uso del preservativo.
También es posible que la profilaxis pre-exposición pudiera conducir a la “compensación de riesgo”. Algunas personas podrían considerar que la PPrE reduce el riesgo de transmisión del VIH a un nivel tal que podrían mostrarse dispuestas a practicar sexo sin protección si toman esta profilaxis.
Se ha investigado poco acerca del posible impacto de la PPrE sobre el comportamiento sexual. En consecuencia, un equipo de investigadores de Nueva York (EE UU) diseñó un estudio que contó con 180 hombres gays sin VIH consumidores de drogas que habían tenido, al menos, un episodio reciente de sexo anal sin protección.
Los participantes cumplimentaron un cuestionario respecto a su consumo de drogas ‘de club’ (cocaína, ketamina, éxtasis, metanfetamina, GHB ó poppers), el comportamiento sexual de riesgo y actitudes en relación con la PPrE. Los hombres, asimismo, respondieron a cuestiones para valorar los niveles de desinhibición conductual y de compensación de riesgo.
Los autores midieron la percepción de riesgo en una escala de cinco puntos, empleando una serie de siete preguntas que permitían valorar hasta qué punto el uso del preservativo dependía de dicha percepción del participante en cada encuentro sexual individual.
La media de edad de los hombres era de 29 años y su origen étnico era diverso. Sólo una minoría (42%) había acudido a la universidad y el 40% tenía unos ingresos anuales inferiores a 20.000 dólares. Los hombres declararon una mediana de tres relaciones sexuales de alto riesgo en los 30 días anteriores. Una mediana de dos se produjeron cuando consumieron drogas ‘de club’.
Sólo el 23% de los varones habían oído hablar alguna vez de la PPrE. Tres hombres afirmaron haber recibido esta intervención en alguna ocasión. Dos señalaron que la había usado antes de tener sexo sin protección con un hombre de estado serológico al VIH desconocido, mientras que el tercero indicó que tomó PPrE porque sabía que su pareja tenía el virus.
Una mayoría clara de los varones (69%) declararon que estarían dispuestos a utilizar PPrE si demostraba tener una eficacia del 80% como mínimo.
Las personas que revelaron haber tenido seis o más relaciones sexuales de riesgo en los 30 días previos fueron significativamente más propensas (cociente de probabilidades [CP]: 2,71; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,15 - 6,40) a afirmar que usarían PPrE que los que comunicaron menos episodios de sexo sin protección.
Se detectó una relación clara entre la disponibilidad a emplear la PPrE y la desinhibición sexual previa (CP: 1,85; IC95%: 1,24 - 2,75), por un lado, y la menor percepción de riesgo (CP: 1,76; IC95%: 1,08 - 2,87), por el otro.
De los hombres que afirmaron que estarían dispuestos a utilizar PPrE, un 36% declararon que era probable que su disponibilidad fuera a reducir el uso de preservativos.
Las personas que señalaron que la PPrE reduciría su empleo de condones mostraron una menor tendencia a tener titulación universitaria (CP: 2,56; IC95%: 1,19 - 5,47).
El consumo de drogas ‘de club’ también estuvo relacionado con declarar que la disponibilidad de la PPrE disminuiría el uso de preservativos.
El equipo de investigadores, por otra parte, descubrió pruebas de que la reducción en el uso del condón debido a la PPrE estuvo relacionada tanto con la desinhibición (CP: 1,76; IC95%: 1,10 - 2,82) como con la compensación de riesgo (CP: 2,48; IC95%: 1,34 - 4,62).
Tras ajustar sus resultados en función de posibles factores de confusión, los autores revelaron que la desinhibición (CP: 1,24; IC95%: 1,05 - 1,45) y la compensación de riesgo (CP: 2,30; IC95%: 1,15 - 4,6) siguieron estando relacionadas de forma significativa con la disponibilidad de la PPrE y la menor utilización del preservativo.
“Nuestros hallazgos subrayan la importancia de combinar la disponibilidad de la PPrE con intervenciones conductuales dirigidas a abordar factores psicosociales específicos (...) que son más relevantes para las poblaciones de alto riesgo”, comentan los investigadores.
Éstos concluyen: “La profilaxis pre-exposición cuenta con el potencial de ser una contribución extraordinaria en la lucha contra el VIH, pero sus implicaciones sobre la percepción del riesgo y el comportamiento deben reconocerse y comprenderse completamente”
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